6 juegos extraordinarios que nadie promociona porque son GRATIS

Tú jugaste con ellos. Tus padres también. ¿Pero tus hijos se están perdiendo los juegos que de verdad nos ayudan a crecer?

Richard Louv lo llama «trastorno por déficit de naturaleza”.

Al final, alguien ha tenido que ponerle nombre a una de las principales carencias de la mayoría de los niños:

Apenas tienen contacto con la naturaleza, si salen a la calle van de nuestra mano rodeados de asfalto, juegan en un parque enmoquetado y, cuando vuelven a casa, tienen cestos y cestos llenos de juguetes a los que apenas hacen caso porque ya no les ofrecen nada nuevo.

Y entonces, tratan de entretenerse delante de una pantalla.

Esto suena muy mal, pero les estamos robando algo fundamental en su vida.
Les robamos la posibilidad de aprender sin ayuda de nadie a:
• Detectar peligros
• Resolver problemas.
• Creer en sí mismos.
• Descubrir y entender el mundo real.
• Desarrollar su ingenio.
• Ser creativos.
• Pensar por sí mismos.
• Relacionarse con los demás.
• Respetar el medio ambiente.
• Creer en la igualdad.
Dejémoslo en esos 10 aprendizajes enormes, aunque podríamos continuar.

No nos equivocamos si decimos que nuestro gran objetivo como padres es que nuestros hijos sean capaces de todo eso, ¿verdad?
Pues haz algo diferente: deja que jueguen con elementos naturales, a poder ser en plena naturaleza, y siéntate a observar.
Sí. Se van a manchar. También puede que vuelvan a casa con algún rasguño. Pero pon en un lado de la balanza la lavadora que ibas a poner de todos modos en el otro las lecciones de vida que se llevan a la cama.

¿Crees que exageramos?
¿Que no hay tanta diferencia entre jugar en la naturaleza con elementos que llevan ahí siglos o con un juguete que en teoría es educativo?
Hagamos una prueba. Imagina a un niño delante del tronco de un árbol. ¿Qué hará?
• Intentará subir.
• Calibrará riesgos y decidirá si tiene sentido o no.
• Pensará alternativas.
• Si consigue su objetivo, se sentirá capaz.
• Se inventará una aventura.
• Descubrirá su textura y se hará preguntas.
• Querrá cuidarlo para seguir jugando otro día.
• Compartirá su aventura con cualquier otro niño sin sentimientos de propiedad sobre el juego, ni prejuicios de género.

Cuando vas a comprar un juguete sigue siendo común la división:
Pasillo de niños y pasillo de niñas; azul y rosa; eslogan de aventureros y eslogan de princesas. En la naturaleza, ¿ves alguna distinción?
Parece que no. Que todos podemos jugar a lo que se nos ocurra en ese momento y podemos hacerlo juntos.

Pero hagamos otra prueba más:
Imagina que sales a tomar un café y desconectar una rato del trabajo.
Entras a un bar, tienen el molinillo del café encendido, están vaciando el lavavajillas y golpean sin cesar los platillos, ves sus luces parpadear, a la vez la tele está encendida, pero en los altavoces suena la canción de moda de turno, la gente grita para poder oírse y tú también terminas a voces y bebiendo el café de forma acelerada.

Pero imagina que te hubieras tomado ese café en una terraza, sin demasiada gente alrededor, sin ruidos ni impactos visuales… Entonces tus sentidos sí estarían puestos en saborear ese café y tendrías la mente más despejada para pensar. ¿No te parece?
Eso mismo le sucede a un niño cuando se pone a jugar.

El entorno nos condiciona. El ruido nos despista, nos altera y desconcentra.

A ellos también.
Y además, les aleja de comprender cómo es el mundo real.
Por eso la serenidad de la naturaleza y la ausencia de estímulos artificiales valen oro en la infancia de nuestros hijos.

Deja que te nombre 6 juegos que son GRATIS y le dan mil vueltas a cualquier juguete que puedas comprar:
• Agua.
• Piedras.
• Flores.
• Arcilla.
• Caracoles.
• Frutos y verduras.
Más fácil imposible, ¿no crees? Ni siquiera es necesario que te de muchas ideas de juego porque se les ocurrirán a ellos mismos. Y serán mejores. Seguro.

Hacer trasvases con agua, mezclarla con algún colorante y ver cómo cambia, pintar sobre las piedras, recoger flores y clasificarlas, esconderlas en un cubito de hielo y ver cómo vuelven a aparecer con el calor, sacar judías de la vaina, crear tesoros con arcilla (tesoros que no desaparecerán como sucede con la plastilina).
¿Y por qué no mezclar los juguetes que ya tienen con elementos naturales?
En invierno echamos mano del mal tiempo, de la lluvia, de los resfriados, de que se hace enseguida de noche… y preferimos comprar juguetes «para que se entretengan».

Pero ahora que llega el buen tiempo, ¿cuál es tu excusa?

Biografia: alupé crecer jugando.

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